Tuneado en la isla de Bali: eso no se hace

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Ejemplos de casos y cosas que nos inspiran tenemos de a miles a nuestro alrededor. Los hay de aquellos que nos motivan a la copia o a la sana imitación y están también aquellos ejemplos que nos dicen clara y contundentemente lo que no debemos hacer, por nada del mundo.

Tal es el caso de esta verdadera atrocidad sobre ruedas que más allá de causarnos admiración nos produce la más agria repulsión de la que hayamos sido protagonistas.
¿Qué decir de un bodrio tan guarango y fuera de toda lógica? Poco, muy poco, aunque como ya dije nos marca el norte de lo que no deberíamos ni siquiera pensar ni intentar sobre lo que debería ser un tuneado casero que pretende ser además de original, regirse con unos mínimos e indispensables principios básicos del buen gusto.

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Ni siquiera estoy en condiciones de aventurarme a adivinar qué auto se encuentra debajo de ese impresentable mazacote… No creo que ni su propio dueño se acuerde de eso a esta altura.
Ahora que veo este insolente tuneado que alguien fotografió en la bella isla de Bali, entiendo a la perfección a aquellos que sostienen que del ridículo nunca se vuelve. No me veo para nada dando unas vueltas por el centro de la ciudad a bordo de esta máquina infernal (lo digo por las llamaradas adosadas…) aguardando que las chicas se mueran (de risa) por subir…

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Y pensándolo bien, creo que no sería mala la idea de recomendarle a su propietario que se de una vueltita por el desarmadero… Sinceramente, si lo compactan, se va a ver mucho mejor todavía.