Ford Torino 1974: Starsky, Hutch, vos, yo… todos quieren manejarlo

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Las series de television de nuestros días difieren bastante de la famosa tira de “Starsky & Hutch”.
La famosa dupla de policías encubiertos resulta francamente naif en comparación con los violentos y poco tolerantes agentes de la ley y el orden de la televisión moderna.

Pero en esa serie de los ’70, había algo especial. Algo que trascendió, que se hizo memorable. Que no se puede olvidar.
Trato de encontrar las palabras.
Para muchos, lo memorable eran los actores, hoy devenidos personajes de culto para los fans. Leyendas de la pantalla chica.

Para muchos otros, el gancho de la serie era sin dudas, el auto.

Sin embargo yo creo que ni una cosa, ni la otra.
Para mí la magia estaba en el conjunto. Esos tipos eran los únicos (a pesar de la remake del cine) que podían manejar ese Ford Torino como lo hacían.

La serie puede resultar inocente hoy en día. Los efectos especiales quedaban para otra oportunidad. Los guiones intrincados aún no se plasmaban al aire. Pero todo eso, lo suplían al subirse al auto y hacerle hechar humo por las ruedas.
Y ya no hacía falta nada más. ¿Para qué?

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Aquel Ford Torino 1974, de los detectives Starsky y Hutch, era fácil de manejar. Eso es lo que dicen por ahí.
No por lo simple que era.
Ese Torino era fácil de manejar porque era un auto que te enamoraba de entrada, y entonces, como le pasaba a sus compañeros policías, pasaba a ser una parte más de su cuerpo, una extensión suya.
¿Compañeros dije? Sí, compañeros. Y hasta aquí era adónde quería llegar. Acabo de encontrar las palabras. Ese Ford Torino era “un personaje más de la serie”.
Para mí no era un auto simplemente. Un objeto.
Para mí ese auto no podía faltar nunca y yo siempre esperaba “verlo actuar”.

Escuchar el rugido salvaje de su potente V8, ver el destello de sus llantas cromadas a más no poder, esperar el chillido de sus poderosos frenos a disco en las cuatro ruedas y verlo tomar las curvas a 90º como si nada gracias a su increíble dirección hidráulica, eran como verlo actuar, como si estuviera diciendo una parte de la letra del libreto de la serie.

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Ese Torino, hablaba, sentía, se expresaba.
Tanto o más que los actores. Lo aseguro.

Hoy, a tantos años de distancia de aquellos días dorados en que se transformaba en protagonista indiscutido de la serie, sigue vigente y se acerca día tras día a la figura de celebridad y leyenda.
Hoy, se ha convertido en un objeto de culto, de adoración. Basta con darse cuenta que hay imitaciones por doquier. Por aquí, por allí, por ahí. Autos en la calle pintados de rojo con esa fantástica raya blanca abrazándolo.

Todos quieren tener uno igual. Todos quieren ser Starsky y Hutch. No para poder ir por la ciudad deteniendo rufianes, sino para sentir el placer de manejarlo.