Land Rover Defender Series I: un agradable despropósito en versión Dragster

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Cuando leas esta nota no dudarás un instante en calificarme como “el auténtico perro del Ortelano”… aquel mismo que no comía y no dejaba comer. Te preguntarás ¿por qué?…
Lo argumento de esta manera.

Hechale una mirada a este Land Rover Defender Series I.
¿Acaso le encuentras algo positivo? Y al mismo tiempo pregunto… ¿No es un dragster fenomenal?

La cosa es así: este extraño aparato me causa tanta repulsión como atracción. Es cierto que en la vida no se puede andar así. Habrá que optar por una u otra postura, aunque cueste. De todos modos voy a tratar de explicarme.

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Si alguien me consultara sobre cómo destruír un vehículo clásico de la mejor manera, la más efectiva, le recomendaría sin dudarlo que haga esto. La historia y el presente del Land Rover Defender no merece este brutal sacrilegio de parte de nadie. Poco y nada tiene de atractivo. Desgraciado y poco motivador como pocas cosas he visto en mi vida si uno piensa que se trata de un Land Rover de 1950 que finalmente ha sido mutilado descaradamente vaya uno a saber por qué y por quién…

En la otra mano, la duda…

Es que si alguien me llegara a preguntar sobre la manera más efectiva para darle estilo a un dragster, también le respondería sin dudarlo, que haga esto…

¿Acaso puede alguien que ame los Drags resistirse a quemar neumáticos sobre el asfalto con uno similar? De seguro que no…
Lo tiene todo para cautivar la atención de cualquiera de nosotros, esas “patas anchas”, su escaso despeje al suelo, su intimidante V8 al desnudo, su cuerpo plagado de deportivos stickers y ya no le hace falta nada más…

Sí hace falta, en cambio, un poco de claridad en mis pensamientos… ¿Me gusta o no me gusta? Y bueno, esta es mi respuesta: sí y no…