Audi Project Rosemeyer: nacido de la leyenda

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En mis sueños, una vez aparecí en los Montes Eiffel, en la espesura de la selva que circunda e invade al mítico anillo embrujado del viejo Nürburgring.
La fantasmal bruma y una extraña sensación de no estar allí en realidad, hacían que mi vista nublada no distinguiera entre lo etéreo y lo real…

Pero me gustaba pensar que lo que experimentaba, no se iba a desvanecer y que ya no había vuelta atrás…
Perdido entre los montes, como avisándome su llegada, en la lejanura, pude escuchar el rujido de un potente motor. Hasta que finalmente lo pude ver.

Bernd Rosemeyer, o su fantasma según creo, pasó raudo al volante de una auto que en realidad era la extensión de su cuerpo… el mejor homenaje que se le pudo hacer.

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Ya en los boxes viejos, el gran piloto alemán de la pre-guerra, o su espectro según creo, pretendió tomarse un descanso bajando del fantástico Audi Project Rosemeyer, pero yo no lo dejé…
Me acerqué para conocerlo, para poder tener un contacto con la leyenda… y quise tocarle el hombro para que advirtiera mi presencia. Pero ahí, en ese instante, comprendí que todo era irreal, que ese tal Rosemeyer no estaba en realidad allí… Su fantasma conducía esa fiera sobre ruedas, que sí era real, bien real.

Y allí comprendí que ese Audi Project Rosemeyer, era muy tentador, era un imán… Tanto como para que el espíritu de Rosemeyer descienda a nuestro mundo terrenal y no pueda resistirse a la tentación de manejarlo…

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Y así fue. Vino. Lo vio. Se subió. Lo probó. Se desquitó y volvió a dar unas cuantas vueltas al famoso “Nordschleife” de 23 km. en medio de los Eiffel. Y le gustó. Y lo disfrutó. Y lo aprobó.

Es que este Audi Project Rosemeyer es la versión actual de los monstruos que él supo manejar hasta las célebres victoria en los años ’30.
El Project Rosemeyer tiene el espíritu vivo de aquellos autos de los grandes premios de los albores del automovilismo deportivo y lo trae, más vivo que nunca, hasta nuestros días.

Y finalmente desperté. Y supe que todo había sido un hermoso y misterioso sueño. Y quise volver allí. Pero ya no pude. El fantasma ya se había ido otra vez. El portón del garage ya había comenzado a caer.