El Porsche 550 A Spyder de James Dean: tan hermoso como maldito

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Cuenta una vieja leyenda que hubo una vez un rebelde sin causa, un gigante, que vivía al este del Paraíso, al que nada le daba más placer que sentir las garras del viento sobre sus rubia cabellera. Sólo el viento le regalaba esa inexplicable sensación, andando en su deportivo.
Por las noches, montaba sobre un moderno caballo plateado, vestido de automóvil, y descargaba su furia sobre el pedal del acelerador.
Dicen quienes lo veían pasar que era un tal James Dean y que “montaba” un fantástico Porsche 550 A Spyder. Y lo hacía como nadie… o mejor dicho, lo hacía como sólo él sabía hacerlo.
La velocidad era su verdadera pasión. Esa misma velocidad que le entregaba sin condiciones aquel Porsche 550. Ni las mujeres, ni las grandes luminarias, ni el dinero… nada de eso.
La pasión de James Dean, era ese auto alemán y la velocidad descomunal que de él nacía. Si hasta le había puesto un nombre: “Little bastard”.
La fama y el dinero que ésta ha provocado, le permitieron hacerse de ese rabioso deportivo, que identificado con el número 130 en su capó, supo llevarlo por carreteras sin final, eternas… como su recuerdo… como su imagen de símbolo de toda una generación.

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El final de un hombre. El principio de una leyenda.
Sólo se sabe el final.
La noche anterior James Dean le habían encargado el cuidado de su gato a Elizabeth Taylor. Temía que quedara solo y desprotegido si algo le pasaba. Y finalmente, le pasó…
Circulando a cierta velocidad con su bólido plateado, un auto Ford lo chocó de frente en la localidad de Cholame, en California… y todo, comenzó a ser un recuerdo. El “Rebelde sin causa” había muerto haciendo lo que más le gustaba, conduciendo su “Little bastard”…

La historia de la maldición de aquel hermoso auto.
Una vez que bajó la polvareda, una vez que James Dean ya se había trasnformado en parte del pasado, comenzó la locura por el auto. Muchos se lo disputaron y muchos otros consiguieron tenerlo. O por lo menos, pudieron conseguir algunas partes. Y ahí, se dice, comenzó una verdadera maldición.

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Primero el Porsche 550 fue vendido a un modesto distribuidor de autos usados. El buen hombre cobraba unas monedas para que los curiosos lo vieran, hasta que decidió deshacerse del auto.
Un tal George Barris pudo adquirirlo y cuentan algunos testigos que al trasladarlo a su taller, el Porsche se soltó del trailer rompiéndole las piernas a un mecánico del lugar.
Luego de esto, Troy Henry se transformó en su “nuevo dueño” comprando el motor del Porsche de Dean para montarlo en el suyo. Durante su primer viaje, se accidentó y perdió la vida…
Finalmente, otro personaje de Nueva York, compró los neumáticos del mítico auto plateado, los colocó en el suyo y misteriosamente estallaron en uno de sus primeros viajes, haciéndole, también, perder la vida…

La noticia se expandió como reguero de pólvora por todo el lugar: se decía que James Dean había sobrevivido al accidente y que desfigurado y transformado en fantasma decretaba todo tipo de hechizos y maldiciones sobre sobre quienes osaban conducir a su único y verdadero amor, aquel hermoso Porsche 550 A Spyder, que sólo él llamaba “Little bastard”…