Plymouth Superbird (1970)

Podemos decir casi sin temor a equivocarnos que el sensacional Plymouth Superbird ha nacido del enfrentamiento… Y no exageramos ni un ápice. Es que hacia finales de la década de los ’60 no eran pocas las marcas que buscaban destacarse como ninguna por sobre las otras, las rivales, a la hora de crear eso autos asombrosos que eran (sobre todo) radicales y extremos. Los Muscle Cars… El Plymouth Superbird es precisamente uno de aquellos autos rápidos y furiosos de aquellos tiempos, nacido por el encono entre su casa matríz, Plymouth, y la marca Dodge.

La cosa era muy sencilla: Dodge venía de un éxito descomunal con un modelo Daytona en 1969 en el NASCAR y eso era algo ante lo cual Plymouth no iba a quedarse quieta. La reacción llegó casi de inmediato y en 1970 el mundo pudo conocer al Plymouth Superbird

Lo mejor del caso es que tanto la marca Plymouth como la Dodge eran parte del mismo grupo automotríz, vale decir la Chrysler. Plymouth basó el Superbird directamente en el modelo Road Runner y así las cosas de la plataforma B-Body desde la planta ubicada en Detroit, Michigan, la casa puso en las calles al genial modelo.
Para poder participar en la NASCAR y darle pelea al Dodge, Plymouth debió aceptar algunas normas como por ejemplo la inclusión de esos impresionantes alerones en la parte trasera. La parte delantera se aprovechaba de un diseño que lo hacía parece a un tiburón, con su trompa y su diseño tan arriesgado y personal. Así fue naciendo la leyenda de este auto impactante por donde se lo mire.

Un Muscle Car coupé de 2 puertas, con formas superlativas y unas características y prestaciones envidiables incluso por autos bien actuales. Y un detalle pintoresco: dada la gran curvatura de la parte frontal, el primer metro del auto no se veía desde el habitáculo…
En el interior, mientras tanto, no había cambios respecto de lo que se conocía ya de antemano con el modelo Road Runner. Todo era exactamente igual.
Lamentablemente sólo se han producido unas 1.920 unidades en total de esta belleza tan impactante. Tenía un motor V8 de 6.974 cc., una infernal potencia de 425 CV finales, aceleraba de 0 a 100 km/h. en unos 5,1 segundos y su velocidad máxima era de 234 km/h. sin el más mínimo problema. Tenía dos versiones de caja de cambios: manual de 4 velocidades y automática de 3 marchas.

Una auténtica bestia sobre ruedas, que ha dejado su marca incluso a pesar de no haberse seguido fabricando y a pesar de contar con tan pocas unidades sobre la Tierra. Más quisiera yo tener uno…