Pininfarina Hyperion: el capricho supremo

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Dicen que el dinero no hace a la felicidad. Puede ser. Me gustaría saberlo…pero lo que sí permite es poder darse algunos gustitos y caprichos a los que más de uno de nosotros quisiera poder acceder.

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Miren ustedes que hemos visto de todo. Gente con dinero que se ha dado los gustos de sus vida sin importarles cuantos billetes verdes emigraban de sus cuentas bancarias. Lo bien que hacían…
Hemos visto presentaciones y modelos de lo más impresionantes, aquí, allá, en el Concurso de Elegancia de Pebble Beach (como sucederá con el que nos ocupa en esta nota…) o en cualquier otro lado.
Pero esto, pocas veces lo hemos visto antes…

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Resulta que anda dando vueltas por ahí un loco magnate que tuvo una idea: sacrificar un lujoso Rolls Royce Phantom Drophead Coupe para poder tener una auto único en el mundo para su disfrute egoísta y personal.
Levantó el teléfono y arregló una reunión con la gente de Pininfarina para que su dese…ejem, quiero decir “capricho” se concrete.
Y cuando está la platita, entonces los sueños (sobre todo si son materiales) se hacen mucho más fácil realidad.
Este es el caso…

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Su Rolls Royce Phantom Drophead Coupe, experimentó algunas drásticas modificaciones y acabó transformándose en este impactante Pininfarina Hyperion, o lo que es lo mismo, un capricho supremo que ha colmado de felicidad y satisfacción a su dueño.
Se trata efectivamente de un modelo hecho exclusivamente a pedido del que no veremos otro igual, ni ahora ni nunca y que tendremos la oportunidad de ver (como ya les comentamos) en la próxima edición del Concurso de Elegancia de Pebble Beach. Claro que como somos curiosos, ansiosos e impacientes, ya les estamos presentando las primeras imágenes oficiales del “autoregalo” que se ha hecho este buen hombre.

La nueva creación de Pininfarina significó que los asientos traseros hayan desaparecido y los delanteros se retrasaran unos 400 mm., al igual que el parabrisas, para lograr darle forma a una pieza sobre ruedas sin igual.
Desde aquí, modestamente, nuestras sinceras felicitaciones. A Pininfarina y a su dueño, claro…