Pininfarina entregó el nuevo Lancia Stratos a su dueño

Dice un viejo refrán que “nunca es triste la verdad… lo que no tiene es remedio”… y parece que tiene mucha razón. Es que de tanto admirar (y desear, hay que reconocerlo…) al nuevo Lancia Stratos, más de uno de nosotros habrá llegado a creer que ese auto sin igual, ese objeto del deseo, sencillamente no tenía dueño… Pero no. El nuevo Lancia Stratos, tiene dueño y (lo que es mucho más terrible para todos nosotros) el mismo ya se sube definitivamente a su nueva joya sobre ruedas.
Es que en el día de la fecha un buen muchacho, bastante adinerado, un alemán al que me gustaría tener como amigo, se ha llevado a su casa el nuevo Lancia Stratos que desde hace tiempo le había encargado a la gente de Pininfarina y por el que tanto ha tenido que esperar.
Finalmente, este alemán ha quedado sonriente y satisfecho como nene con juguete nuevo y bien merecido que se lo tiene.

El equipo de diseñadores de la casa Pininfarina se puso a trabajar a pleno desde que recibieron este inusual pedido y la tarea afrontada no ha sido nada nada fácil. La idea de crear un auto, recreando además a una leyenda como el Lancia Stratos no era tarea para cualquiera y luego de haber basado la nueva creación en un Ferrari F430 Scudería, el resultado final no podía haber sido mejor (el trabajo no ha sido así nomás: la carrocería del Ferrari F430 Scudería ha debido ser reajustada por completo para darle vida al nuevo Stratos).
Algo sin embargo deja un leve sabor amargo (para los que nos somos dueños de este auto, claro) en la boca ante la noticia de que este alemán multimillonario ya se ha ido a casa con su nuevo chiche: es que Pininfarina no ha suministrado ni un solo dato respecto de las prestaciones del auto y tampoco se sabe nada de nada sobre el rendimiento.
Tal vez todos esos misterios se puedan resolver dentro de un par de semanas cuando en el circuito de Paul Ricard, en Francia, se desarrolle el encuentro que la casa Pininfarina y el orgullosísimo propietario del modelo han organizado en ese lugar.

Mientras tanto, un cúmulo de emociones mezcladas: la satisfacción indudable de poder apreciar una belleza semejante y por el otro lado, la bronca (sí, la bronca) de que no sea aunque sea por un ratito, de uno…