El mismo auto pero totalmente distinto

Esto de la celebración de los primeros 44 años de vida (o de historia) del genial Ford Mustang me ha caído como anillo al dedo. Desde hace mucho tiempo quería tratar de expresar mis sensaciones encontradas respecto de la evolución de los autos. Y no hablo del lógico y entendible avance de éste genial invento a través de los años, hablo de la metamorfósis que en innumerables oportunidades se ha producido sobre el cuerpo de la mayoría de los autos que hoy conocemos. Hay casos y casos, claro está, pero hay ejemplos muy puntuales y bastante gráficos sobre esto que un poco caóticamente estoy tratando de desarrollar.

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Digo, hay muchísimos casos en los que únicamente podemos decir que un auto se trata del auto que se trata por el logo de la marca y el nombre del modelo estampado en su costado. Con esto intento decir que esas formas características de cada auto en particular ha cambiado tanto a través de los años que prácticamente hoy casi no podemos reconocerlos y nada tienen que ver con lo que conocimos alguna vez.

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En esto que planteo algo debe haber que sea digno de una buena sesión de psicoanálisis (o unas cuantas en verdad…). Para poder hacerme entender más claramente voy a retrotaerme a mi niñez, en el comienzo mismo de la década del ’80 en Argentina. La fiebre del importado (se importaba cualquier cosa desde un alfiler hasta el auto más sofisticado) hizo llegar a nuestro país una cantidad interesantísima de automóviles llegados desde diferentes partes del Mundo. Muchos me sorprendieron pero particularmente (vaya uno a saber por qué) me quedó grabado a fuego en la mente el Honda Accord.

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El modelo del año ’80 que podía ver con la naríz pegada sobre el vidrio de las nuevas concesionarias de autos importados era algo fantástico y su silueta quedó marcada en mis retinas imborrablemente. Incluso recuerdo como dato de color que sus llantas me hacían recordar sorprendentemente a las llantas del Ford Taunus GXL de nuestro país, pero esto no importa ahora en absoluto.
El tiempo pasó y para uno o dos años más adelante ya esa silueta evolucionó de una manera que no me sorprendió tan gratamente y así sucesivamente hasta llegar a nuestros días en los que francamente no encuentro ni un centímetro de aquel auto original en el modelo actual.

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Es algo bastante difícil de explicar y tal vez no se llegue a ninguna conclusión en concreto pero esto no ha sucedido obviamente con éste auto en particular. Es algo que vemos repetidamente y hasta el cansancio de manera habitual desde hace años en casi todas las marcas.

En definitiva me cuesta mucho aceptar esto de tener que subirme a un auto que se dice es el mismo de siempre pero sin embargo es de aspecto otro auto que nada tiene que ver con el de tus amores.

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Y vuelvo al comienzo.
Tratando de que no me pase lo mismo en el caso de le evolución del Mustang (cuyas fotos ilustran esta nota). Aprovecho la celebración de su 44º aniversario y vuelvo a caer en lo mismo. Lo miro a través de su larga y prestigiosa historia y veo que hay algo que ha quedado de todo esto que acabo de decir. No es que me crea tan importante como para pensar que quienes tuvieron a su cargo el rediseño del genial Mustang se han hecho eco de mis palabras. No señores.

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Pero sí es de notar que desde los primeros Mustang, siguiendo por los de los años ’70 y ’80, momentos en los cuales se han alejado peligrosamente del espíritu original, hasta los de la década de los ’90 y finalmente llegando al diseño actual a más de uno le habrá pasado lo mismo. Se ha producido en primer lugar una lógica y entendible evolución, siguiendo luego por un olvido total de las raíces del auto para comenzar a volver lenta pero inteligentemente a las líneas clásicas adaptadas a las tendencias y necesidades de los tiempos que corren.

Miro los primeros Mustang y al recorrer sus diferentes encarnaciones llego a la felíz conclusión de que no estoy tan equivocado. No siempre evolucionar debería ser sinónimo de alejarse de las fuentes y de la inspiración original, aunque sí debo reconocer que evolucionar siempre, siempre es bueno. Pero de una vez por todas pido a todos los diseñadores de buena voluntad sobre la Tierra: piedad con todos los fieles devotos de los autos. Piedad para con todos aquellos que no soportamos perder para siempre las siluetas características de los autos que sabemos amar.

Y si no piensan que tengo algo de razón piensen en una reducida pero esclarecedora lista de ejemplos: los nuevos Volkswagen Beetle, Mini Cooper, Camaro, Fiat 500 y obviamente el Mustang que no fue otra cosa más que el detonador para ésta nota.

Todos estos casos parecen por lo menos darme algo de razón.