Los micros de 2 pisos no son inseguros

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Todavía resuenan los ecos de una tragedia que será difícil de olvidar.
Promediando el mes de Marzo de 2008, más precisamente el día 9, los argentinos volvimos a vivir una experiencia que siempre creemos será la última. La fría crónica relata que un tren de la empresa Ferrobaires arroyó a un micro ómnibus de pasajeros de la empresa el Rápido Argentino en cercanías de la localidad bonaerense de Dolores. El lamentable saldo de 18 personas fallecidas no da lugar a las palabras. Tan sólo caben el silencio y la reflexión, de quien corresponda.

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Los hechos nos demuestran siempre rápida y cruelmente que nunca se terminan este tipo de lamentables sucesos a los cuales me resisto a calificar como tragedias. Y esto nada tiene que ver con el pesimismo. Es la pura realidad y es lo que de alguna manera todos hemos conseguido.

Si la historia oficial decía que un tren arroyó a un micro, la objetividad nos indica que en realidad fue el micro el que embistió a un tren que recorría las vías de manera correcta y al que quiso ganarle deseperadamente.
Una silenciosa barrera baja (rota por el golpe del micro) y la intermitente señal funcionando aún en medio de los peritajes frente a la cruz de San Andrés (señalización de pasos a nivel) son los testigos presenciales de un hecho tan negligente como criminal. Y son en definitiva las pruebas fehacientes de que en horas de la madrugada todo funcionaba como corresponde, salvo claro está, la mente y los reflejos del conductor del micro (y su acompañante) de dos pisos con casi un centenar de almas a su cargo.

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En Argentina desde hace años se viene planteando el mismo dilema cuando sucede un crimen como éste. Y hablo de crimen porque sólo puedo calificar de esa manera a la actitud de un chofer que se decide a traspasar una barrera baja en medio de la noche viendo que el tren está a escasos metros e imposibilitado de frenar. Pero les estaba hablando de un dilema, planteado a través de una disyuntiva tan inconducente como retrógrada: micros de 2 pisos ¿seguros o peligrosos?

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Señores hablemos claro: los micros no son peligrosos. Ni los de dos pisos, ni de ninguna otra clase. El peligro real radica en las políticas de ciertas empresas y las permisivas leyes con las que contamos. Así de simple. Las políticas de las empresas porque obligan a los trabajadores (en este caso los choferes) a extensísimas jornadas de trabajo, cosa que puede resultar fatal. Los choferes de micros llegan de un viaje de cinco o seis horas, se detienen en la terminal, recambian pasajeros y en muchas ocasiones deben volver a la ruta como si nada. Sin descanso. Con pocas horas de sueño. Con todo el riesgo sobre sus espaldas… y las de los que lleva a su merced.
Las leyes, porque una vez derramada la leche lo único que hacemos es llorar. Y la leche ya está derramada y ya no hay vuelta atrás, por ende, llorar no sirve de nada y eso debe quedar para quienes pierden a sus seres queridos en hechos luctuosos (y evitables) como éste.
Y llorar sobre la leche derramada es ver como quienes violan sistemáticamente leyes y normas básicas de tránsito no reciben el más mínimo castigo y no pasan ni siquiera un día a la sombra en una celda. Todo, absolutamente todo es excarcelable en este bendito país. Siempre se esgrimen artilugios legales y argumentos insensibles y faltos de toda ética que permiten que los infractores caminen libremente por las calles, igual que vos, igual que yo, mientras que hay miles de víctimas de tránsito por año (el número es creciente) que desde algún lugar gritan en silencio su pedido de justicia.

Mientras tanto, como pudo haber sucedido en otros siglos, alguien se encarga de mostrarnos espejitos de colores.

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Y es en ese instante cuando se desvía criminalmente la atención de la ciudadanía planteando el dilema con el que comencé la nota: micros de 2 pisos ¿seguros o peligrosos?

Muchos, lamentablemente, no se percatan de la artera distracción de la que en realidad son víctimas también y entonces pretenden meterse en el tema tratando de optar por una respuesta u otra. Y entonces me vuelvo a convencer de que esta vez no será la última. Habrá otra más. Y otra más. Y decenas de momentos terriblemente iguales con centenares, miles de muertos más por año en accidentes viales fácilmente evitables.

Basta que el responsable de una empresa salga en defensa de su maltratado empleado, basta que un hábil abogado saque a relucir toda su verborragia legalista para que con una simple y decadente frase se intente disimular el crimen ya perpetrado. “No ví la barrera ni la señalización” dijo en un momento el chofer del micro. Y esas palabras parecen tener un efecto mágico sobre parte de la sociedad y las autoridades (todas) ya que de inmediato todas las miradas giran en torno a la peligrosidad de los micros de 2 pisos en la República Argentina.

Señores, no seamos hipócritas. No seamos cómplices de ineptos e irresponsables. Hablemos claro y pongamos todas las cartas sobre la mesa. Un micro, tenga éste 2, 4, 10 o 20 pisos está diseñado a la perfección. La mente humana en cambio, es una máquina perfecta hasta que deja de serlo y es la causante de acciones y omisiones que por lo general ponen en juego algo irrecuperable: la vida humana.

Por eso, basta de mentiras y espejitos de colores.

No desviemos más el debate. Es inconducente e infantil pensar que el micro es inseguro.

Son inseguros quienes no hacen las leyes que deben hacer y son inseguros aquellos que no piensan en las terribles e irreparables consecuencias que un acto negligente puede acarrear.