Un Mercedes Benz Clase G convertido en Papamóvil

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El Papa sigue viajando en Mercedes Benz. Esta tradición que lleva ya 77 largos años, no se ha roto esta vez. Una vez más.
La relación estrecha entre la casa de Stuttgart y el Vaticano se remonta a 1930, cuando por primera vez la sede central de la Iglesia mundial le encargó a Mercedes Benz un vehículo apropiado para el Sumo Pontífice. En aquella oportunidad el vehículo elegido fue una limusina Nürburg 460 Pullman.

Muchos meses de debate, años tal vez, fueron necesarios para que el Vaticano elija en esta oportunidad un imponente G500, que con modificaciones mediantes, transporta finalmente al Papa Benedicto XVI durante sus audiencias tradicionales de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

Se trata de un vehículo sin techo y con todos los aditamentos necesarios para que el viaje y la estadía del Pontífice sean cómodos y relajados. Una escalinata en la parte posterior, un barandal para que el Papa se sostenga y sea visto por los fieles, los detalles en blanco y rojo en su interior y su exclusivísima pintura Vaticanmystic White son sus características más salientes, transformándolo de esta manera en un vehículo único en su especie. Unico en el mundo.

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La elección de un todo terreno no parece ser casual en esta oportunidad. El nuevo Papamóvil arranca sus viajes de los miércoles por Roma bajando las interminables escalinatas de la Plaza de San Pedro para llegar a las callejuelas que están rodeadas de fieles. Y como si fuera poco, eventos como los de los posibles atentados contra el Papa (siempre latentes), tal como ha sucedido hace unos meses, hacen necesario un vehículo poderoso y de rápida reacción, como es en este caso el Mercedes Benz Clase G que nos ocupa.

Y la tradición entonces, continúa. Benedicto XVI es otro Papa que viaja en Mercedes Benz. Que sigue eligiendo la marca alemana. Un año más que sigue agregando nuevas perlas a la historia de la casa de Stuttgart, unida en este caso a la vida Papal. Hoy le hechamos un vistazo al Mercedes Benz Clase G que representa un placer de los más terrenales, al servicio del gran pastor de la vida celestial.