Un Mercedes Benz en peligro

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La foto impacta por diferentes motivos. Para todos aquellos a quienes el placer de manejar no se cambia por nada esta escena es más que comprensible y para quienes no sepan de lo que se pierden por no animarse o no querer estar detrás de un volante la imagen les resultará poco menos que ridícula.

No se sabe a ciencia cierta el preciso lugar en el que algún fotógrafo muy despierto ha encontrado esta gema, pero es de suponer ya sea por el auto y por la particular escenografía que seguramente se tratará de una emigrante familia de algún lejano paraje de Oriente Medio luego de una de las habituales trifulcas de la zona.

Ustedes pensarán que estoy loco y puede ser que tengan razón, pero lo primero que vino a mi mente al ver la imagen fue la palabra “amor”. Es que la foto eso es lo que refleja. No hay dudas que ese valiente señor está en riesgo y al igual que su familia sin embargo se puso “todo al hombro” y decidió salir en busca de mejores horizontes. El amor está allí y no sólo por su familia, sino también por sus pocas (aunque sean muchas para llevar en su auto…) pertenencias y fundamentalmente (y en esto va lo tierno de la imagen) se percibe el amor que lo aferra a su querido Mercedes Benz al que no se ha resignado a dejar en medio de las ruinas provocadas por la guerra.

Por lo que se ve en la imagen el auto parece ser un viejo W123 igualito a esos producidos entre 1.976 y 1.985. Por lo menos su silueta parece indicar que se trata de uno de esos autos alemanes que sabían tener un motor diesel tan pero tan potente que podían llevarte sin problemas incluso a través de “terrenos” inestables y complicados como el de la foto.

Como epílogo a esta particular escena sólo quiero dejarle un imaginario saludo a este hombre que pese a todo y a pesar de todo sigue manejando y manejando y manejando… y manejando hacia cualquier lugar, hacia un mejor lugar.