Mario Andretti vendió su alma al (Lamborghini) Diablo

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Lejos de los flashes de los periodistas, lejos de las cámaras de televisión y de las obligadas promociones que lo llevan a mostrarse con tal o cual producto de una marca, el legendario Mario Andretti también se toma su tiempo para mostrarse, aunque sea de vez en cuando, con el auto que ama conducir por las calles cuando se transforma en un auténtico desconocido detrás de sus oscuros cristales.
Este hombre nacido hace 68 años en Montona, Italia, ha sabido subir hasta lo más alto del automovilismo deportivo mundial acreditando en su palmarés tan nutrido, cuatro campeonatos del ChampCar norteamericano, una victoria en las 500 Millas de Indianápolis, otra en las 500 Millas de Daytona y el recordado título mundial de Fórmula 1 con un Lotus Ford del equipo del genial y recordado Colin Chapman.
Fiel a su sangre italiana, los autos de la península le tiran de verdad y así como alguna vez ha sabido llevar por las pistas a los autos rojos de Maranello en muchísimos Grandes Premios, así ha elegido a otro italiano para llevarlo por la calle: un Lamborghini Diablo.

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De todos los modelos más brillantes de la historia de la marca, Andretti se ha sentido particularmente atraído por el Diablo, un bólido espectacular que salió a las calles allá por 1.991 con una cilindrada de 5.7 litros, un impresionante motor V12 y una fantástica y excitante aceleración de 0 a 100 Km/h. en apenas 4.5 segundos.
Valuado entre los 120.000 y los 200.000 dólares, el bueno de Mario atesora en su garage a este bólido del infierno como uno de sus chiches más preciados.

La cara de felicidad lo dice todo. Mario Andretti no es la típica estrella egocéntrica y con costumbres de caprichoso ricachón. En cambio ha elegido un perfil mucho más bajo que otros, al mismo tiempo que disfruta de estos placeres mundanos como podría hacerlo cualquiera de nosotros. Sin estridencias, con verdadera grandeza y sencillez.