Lunar Rover: el auto que te llevó al infinito y más allá

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Muchas veces en mis sueños, fui el comandante de expediciones espaciales, plagadas de peligros y circunstancias extremas.
Soñé con los más extraños y retorcidos aparatos aún no inventados, para poder llevar adelante mis más osadas fantasías.
Pero hubo cosas que nunca me hubiese atrevido a soñar.
No por cobardía, sino por propias limitaciones, humanas por cierto.

Pero hubo quienes sí se atrevieron a soñar en otra frecuencia.
Y fue así que lograron hacer realidad esas mismas cosas que yo ni me atrevía a imaginar.
Son esos héroes desconocidos y anónimos, relegados por el brillo, la importancia y la trascendencia de sus propios inventos.

El 30de Julio de 1971, quedará en los anales de la historia como el día en que esas mentes brillantes que muchos desconocen, hicieron posible que un auto sea manejado en la superficie de la Luna por dos astronautas.
¿Puede alguien atreverse a soñar empresa más difícil? No creo.

Sin embargo, aquel glorioso día, a bordo del satélite Saturno V, en la misión espacial Apolo 15, pisó el suelo del Mar de las Lluvias en la Luna, el Lunar Rover (o Lunar Roving Vehicle, o simplemente LRV).

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Quienes lo conducían aquel auto de aluminio, no batieron ningún record de velocidad (apenas 3 a 4 Km/h. de mínima y casi 14 Km/h. de velocidad final), tampoco batieron ningún record de distancia (apenas se alejaban 9,6 Km. del módulo lunar en cada salida) y tampoco le dieron rodaje sin fin al Lunar Rover (recorrieron en total 90,8 Km. durante toda la misión).

Pero nadie les puede quitar un mérito imposible de igualar: James Irwin y David Scott fueron los primeros hombres en la historia de la humanidad en manejar un automóvil sobre la mismísima Luna. ¡Sí! Allá, tan lejos.

Este maravilloso auto lunar, del que hubo tres ejemplares idénticos, fue desarrollado y fabricado por la empresa Boeing con el invalorable apoyo de Delco Electronics de General Motors Company.

Llevó años ponerlo sobre la superficie lunar y tal vez sea el auto que mayor cantidad de años estuvo en desarrollo. Así también, los millones de dólares empleados lo convierten con seguridad en uno de los más caros de todos los tiempos.
Pero, por lo menos en este caso, el fin justificó los medios empleados y los resultados pagaron con creces tanto esfuerzo y dedicación.

El Lunar Rover, llegó a destino introducido en el módulo lunar totalmente plegado en un compartimiento de 90 x 150 x 170 centímetros. ¡Verdaderamente increíble! Pero real…
La fantástica tecnología aplicada, permitía que una vez llegados al lugar, se abriera esa caja contenedora para que se despliegue el auto que finalmente alcanzaba los 3,10 metros de largo, 1,80 metros de altura y 161 kilogramos en vacío.
Una verdadera obra maestra del diseño y la ingeniería para dejar huella definitiva en la historia de la humanidad (¡Y por qué no, del automovilismo!)

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El derrotero del Lunar Rover por la superficie de nuestro satélite natural, se extendió a lo largo de tres misiones espaciales completas (Apolo 15, 16 y 17) entre los años 1971 y 1972. Contaba con propulsión eléctrica y con numerosos y sofisticados sistemas de orientación para los astronautas, de manera que pudieran conducirlo sin el temor a perderse.

El Lunar Rover, ha pasado a la historia, al igual que sus proezas increíbles. Sus pasos, tan lejanos para cualquier mortal, han sido cautelosos pero firmes y seguros. Su legado, indiscutible. Y sus logros, imposibles de igualar.

Es, fue y será, el primer auto en circular por la superficie lunar. Y en eso, no habrá nunca, ninguno igual.