Limusina ucraniana: nunca intentes algo así

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Muchas veces cuando alguien se propone diseñar (lo que sea), una de las premisas elementales es la de tratar de lograr algo interesante con la menor cantidad de elementos posibles. No hablo de algo precisamente minimalista, pero hay una palabra que en ciertas ocasiones es casi tan valiosa como el oro en polvo: síntesis. Obviamente esto es algo que no todo el mundo puede manejar, ni bien ni mal: simplemente no lo manejan. Y listo.

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Es casualmente el caso de quien habrá diseñado esta limusina que encontramos estacionada en una calle de Ucrania. Bien podría haber sido llamada “El manual ilustrado de lo que nunca debes intentar” en un auto y aunque ese no sea su nombre creemos que es un auténtico ejemplo del “antidiseño”,la falta total de criterio, la cruel ausencia de sentido común y dicho sea de paso el más absoluto desprecio por la tan buscada síntesis de la que hablaba con anterioridad.

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Este extraño aparato es uno de esos en los que francamente nunca te dejarías ver. Vergüenza ajena es la que causa y sin ir más lejos me encargaré yo mismo de pedirles disculpas por semejante irresponsabilidad transformada en bizarra limusina. Aunque nada tenga que ver yo con esto, me hago cargo y les pido un sincero perdón en nombre de su imprudente creador.

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Es que francamente no le encuentro ningún punto a favor en lo más mínimo. Esta limusina ucraniana es de lo menos agraciada y refinada que he visto en mi vida. En esto le gana a todas.

Todo, absolutamente todo, está demás: los groseros parantes delanteros con protecciones dignas de una 4×4, el capó abultado indiscriminadamente para darle cabida a los limpiaparabrisas, la salida del escape a través de seis (6) )¡seis! caños, innecesarios focos antiniebla en la trompa, inadecuadas llantas de 14 pulgadas, barras en el techo, apoyapies en los laterales, unas incrustaciones metálicas bordeando las manijas de las puertas, etc. etc. que harían poner colorados incluso a los integrantes de la Familia Adams, son algunos de los horripilantes elementos que le dan forma a esta limusina ucraniana.

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Por dentro, otra aberración.

La decoración, los materiales y el diseño interior son algo realmente innecesario e inoportuno y fundamentalmente de un gusto harto dudoso, por no decir pésimo. Recubrimiento muy bizarro y de baja calidad para el tablero, un volante nacarado que será apto para un colectivo de Buenos Aires pero no para una limusina y butacones de una factura que deja mucho que desear terminan de redondear “lógicamente” a un auto al que definitivamente es mejor perderlo que encontrarlo.