Lamborghini LM002 de Uday Hussein: perdónalos, no sabían lo que hacían

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La guerra. Esa locura que envuelve la mente y los sentimientos del hombre y los transforma en la agresión más brutal y absoluta.
Los horrores de la guerra.
Esos que hacen que el desquicio llegue a límites insospechables.
Todo termina con muertes, con destrucción.

Por lo general, las acciones pueden derivar en pérdida de vidas humanas, inocentes o no, pero igual de irreparables. Y también pueden terminar con la existencia de cosas físicas, objetos , edificios, monumentos, todo material, todo recuperable de alguna manera. Aunque su pérdida sea igualmente dolorosa en muchos casos.

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Y esa misma locura guerrera, ciega, sorda, inmoral, puede también llevar adelante atrocidades, que rozan lo ridículo, como en este caso.

En 2004, un grupo de soldados de Estados Unidos se propusieron realizar un inconducente experimento en Iraq. Tal vez aturdidos por bombardeos inútiles, confundidos por misiones que ni ellos podían explicarse, se encontraron frente un ejemplar de Lamborghini LM002, propiedad de Uday Hussein, hijo de Saddam Hussein, ex presidente de Iraq.

Cuando las fuerzas de Estados Unidos capturaron a los hijos de Hussein, se hicieron con todo lo que pudieron.

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También tomaron este vehículo.
Lo “violaron” despojándolo de sus asientos delanteros, lo llenaron de cartuchos de dinamita y, sin más, sin el más mínimo uso de razón, lo hicieron estallar en cientos, miles, millones de pedazos.

Querían comprobar el poderío explosivo de un coche bomba y la resistencia de una dura pared de concreto.
Y, tal como ellos saben hacerlo, lo lograron. Con una efectividad asombrosa.
Sólo que destruyendo un fantástico vehículo de colección…

El Lamborghini LM002, no era el más bello de los autos de la marca italiana, pero era uno de los 301 ejemplares fabricados entre 1986 y 1993. Un auto sumamente buscado por coleccionistas. Un todoterreno superpoderoso muy difícil de encontrar sobre la faz de la Tierra.

Pero lo destruyeron. Lo hicieron estallar.
Y nada quedó. Nada.

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Tan sólo, el motor y parte de la suspensión delantera “sobrevivieron” (por decirlo de algun modo) a la violencia del estallido, al poder supremo de la destrucción sin sentido…

La explosión había sido un éxito.
El finísimo experimento había llegado a su fin.
Como la vida de aquel magnífico Lamborghini LM002, propiedad del cruel Uday.

Sólo una vez llegados a los Estados Unidos, de regreso de sus msiones libertarias del otro lado del océano, el grupo de soldados a cargo de semejante tarea, pudo darse cuenta que la guerra también sirve para estas cosas…
Sólo en ese instante, comprendieron que aquello fue también, un cruel e innecesario asesinato.