JaguaRanger: entre lo creativo y lo torpe

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Me imagino que estarás pensando lo mismo que yo. Definitivamente sostengo que el responsable de este horroroso engendro rodante debería ser considerado por lo menos de ininputable. Sin ánimo de ofender a nadie me mantengo firme en la postura de pensar que esta impresentable creación es fruto de una torpeza más que de la maldad. No puedo pensar que alguien pueda llevar dentro de sí semejante crueldad como para hacer (o deshacer…) a un auto como éste de esta manera tan descarada. Se trata de un imperdonable invento francamente innecesario al que llamaremos simpáticamente JaguaRanger. Es que no me sale llamarlo de otra manera y si me sale mejor no se los digo porque bastante ofensivo resultaría.

Yo me pregunto ¿hace falta tanta torpeza? ¿es justo que alguien emplee tantas horas de trabajo para que finalmente el resultado sea una auténtica basura de primera calidad? No me parece justo, un Jaguar XJ, un auténtico clásico de todos los tiempos, una belleza mecánica que roza ya los límites de una obra de arte, no merece bajo ningún punto de vista una ofensa como la que ha recibido con esta trasformación de tan dudoso gusto.

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A primer golpe de vista, al observarlo de frente el corazón sigue latiendo al ritmo normal. Todo parece estar en su lugar y la placentera sensación que te puede provocar estar en presencia de una joya como un Jaguar XJ se hace presente de inmediato. Pero también de inmediato comienza a esfumarse ya que una vez que empiezas a recorrer este JaguaRanger tiendes a pensar que su creador tal vez ya esté prófugo de la justicia para evitar una condena que parece segura. Este auto no tiene recuperación posible y el que lo vea tampoco. El corazón a esta altura ya late descontroladamente y no precisamente de la emoción…

El ver a este Jaguar XJ trasnformado en una “chata de carga” con una caja de Ford Ranger Splash es un puntapié en los genitales y si además nos enteramos que debajo de su capó ya no ruge un Jaguar sino que hay un motor Chevrolet, entonces la decepción será infinitamente mayor.

Sensaciones ambiguas son las que siento ahora: no se si seguir mirándolo para autoconvencerme o si no mirarlo nunca más para intentar borrar de mi mente una imagen tan pero tan espantosa.