Jacques Villeneuve recordó a su padre sobre su Ferrari en Fiorano

Han pasado muchos años desde aquel lejano y fatídico 8 de mayo de 1982 en el circuito de Zolder, en Bélgica. Las noticias llegaban de otra manera, sin la celeridad y la rapidez de los medios actuales y de la internet, pero en aquella jornada negra para el deporte motor y los amantes de los autos, nadie se quedó afuera de la noticia más inesperada: Gilles Villeneuve encontraba la muerte en una traicionera curva del trazado belga durante las pruebas de clasificación para el Gran Premio de Bélgica. Nadie lo podía creer. Todavía nos sucede exactamente lo mismo.

Todos estos años han pasado sin que se borre de la memoria colectiva todo lo que hemos visto del gran Gilles en las pistas. Sus temerarias actuaciones, su arrojo, su valor a veces desmedido lo llevaron a cautivar el corazón y la atención de no sólo la afición mundial sino también de (ni más ni menos) Enzo Ferrari. Su carrera deportiva fue fugaz, velóz, lanzada, así como fue su inmerecido final en Bélgica.
Se ha ganado varios motes, como por ejemplo “el aviador” o (tal vez uno que se ajuste exactamente a su realidad) el “príncipe de la Fórmula 1”. Nunca obtuvo el campeonato mundial de la categoría, pero… a esta altura ya a nadie le importa y sólo quedan grabadas sus enormes hazañas como por ejemplo aquel inolvidable duelo en Dijon, Francia, en 1979 contra el francés René Arnoux, con quien nos deleitó durante muchas vueltas rueda a rueda en una “lucha” épica y pocas veces vista.

Pero para recordarlo también es que su hijo Jacques Villeneuve, quine sí pudo obtener el título que se le negó a su padre, se ha subido a un legendario modelo utilizado por su inmortal padre en Fiorano. Jacques condujo por estas horas un impecable Ferrari 314 T4 del año 1979, con el cual el pequeño (sólo por su estatura) canadiense se consagró subcampeón mundial por detrás de su compañero Jody Scheckter.

Las imágenes de esta nota emocionan hasta a las piedras. Ver a su hijo ir al volante de este mítico auto de la casa de Maranello, rodando sobre el asfalto que tantas veces a surcado Gilles, no puede menos que movernos hasta lo más íntimo.
No debe haber mejor homenaje para Gilles Villeneuve que hacer sonar un motor Ferrari y hacer salir humo de los neumáticos como sólo él sabía hacerlo.
Han pasado 30 años desde su partida. Parece toda una vida…