La impactante leyenda del Lincoln 1961 Presidential Limo de Kennedy

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La mitología griega cuenta que Phaéthôn, hijo de Helios -el radiante, el brillante- Rey del Sol, alardeaba de esa condición frente a sus amigos por entonces, quienes -dicho sea de paso- no le creían ser descendiente de semejante deidad. El descrédito enojaría a Phaéthôn, quien decidió recurrir a su padre para reclamar por semejante ofensa vivida. El Rey Sol le dijo que para demostrarle a todos su pertenencia al restringido mundo de los dioses griegos, le concedería el deseo que pidiese y así fue que, Phaéthôn, le pidió conducir su propio carruaje, el carruaje de Helios… El Dios del Sol no estaba convencido de que su hijo pudiera controlar la potencia de los poderosos caballos blancos que tiraban del carruaje pero sin embargo Phaéthôn emprendió su engreído viaje.

Tal como esperaba el Dios, su hijo se vio en problemas y no pudo manejar la situación. Caballos desconfiados, derrotero complicado y la intervención divina enviando un rayo para detener a los equinos desbocados. Eso no impidió sin embargo que Phaéthôn cayera a las aguas del Río Erídano y se ahogara… Phaéthôn fue considerado una especie de estrella caída, un elegido entre los poderosos que sucumbió.

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Los siglos pasaron, la historia fue evolucionando y las leyendas se entremezclaron más de una vez con la más cruda realidad. Los poderosos siguieron “subidos a sus caballos”, formaron parte -incluso- de sociedades secretas que (como el Sol) se creyeron el centro de todo y así las cosas se ha llegado al fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando una serie de balazos terminaba con la vida de John Fitzgeral Kennedy, el demócrata presidente norteamericano. ¿Y qué tendrá que ver el tremendo magnicidio de Kennedy con la mitología griega y la historia fantástica de Phaéthôn? Bastante más de lo que en apariencia tiene…

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Aquel día, mintras la muchedumbre se agolpaba a lo largo del trayecto presidencial en Dallas, el primer mandatario viajaba plácidamente en su limusina presidencial Lincoln 1961. Todo era una celebración y a bordo del modificado y especial auto presidencial los ocupantes viajaban sin siquiera sospechar el trágico final al que estaba llegando la humanidad de un despreocupado Kennedy.

El presidente no vivía sus mejores momentos por entonces y -también como Phaéthôn– quiso demostrarle al mundo entero quién ostentaba el poder. Su paseo triunfal a bordo del Cadillac era casi un equivalente al viaje del hijo del Rey Sol en su carruaje por los cielos. Él también –Kennedy– era entonces el centro del mundo y nada hacía presagiar el descontrol final.

El auto presidencial había sido modificado por la firma especializada Hess & Eisenhardt, quienes agregaron 1.066 mm. a la longitud original del modelo (para sumar una fila de asientos rebatibles en el medio), al tiempo que se encargaron de levantar la fila trasera de asientos (en la que viajaban Kennedy y su esposa) unos 25 centímetros, como para que los mismos se destaquen y se vean mucho mejor (y también, de paso, exponerlos mucho más).

En el baúl, el Lincoln 1961 Presidential Limo de Kennedy llevaba escondidos seis gruesos paneles de plástico destinados a proteger al presidente, aunque -casualmente- ese día no se utilizaban…

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Y a todo ésto, te seguirás preguntando ¿qué hay de extraño en todo ésto, más allá de las consabidas conspiraciones contra Kennedy? ¿Qué tendrá que ver todo ésto con la mitología griega y la historia de Phaéthôn? Mucho, tal vez mucho más de lo que te pudieras imaginar… Y es que la limusina presidencial en la que asesinaron a Kennedy, ese auto de dos plazas delanteras y cuatro plazas en la parte trasera, esa configuración de carrocería era conocida lisa y llanamente como “ Phaéthôn”

Escalofriante. Tenebroso, para ser considerado, simplemente una mera casualidad…