La guarida secreta de Superformance: el hogar de las réplicas más deseadas

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Antes que nada quiero aclarar algo, no pretendo hacer una apología del delito. Solamente usaré una figura y trataré de relatar una imaginaria historia para describir de un modo más o menos gráfico mis sensaciones al ver por primera vez las imágenes que ilustran esta nota.

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La gente de Superformance acaba de inaugurar su nuevo reducto. Un relativamente reducido espacio dentro del cual se atesoran decenas de réplicas de autos que supieron forjar con letras doradas lo mejor de la historia automovilística norteamericana. Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue buscar la manera de ingresar y de algún modo satisfacer mis más bajos deseos de tenerlos… a cualquier costo, aunque eso signifique arriesgar la vida o incurrir en algo que pueda encuadrarse dentro de la categoría de delito.
Te preguntarás…¿los robaría? No lo puedo asegurar en el verdadero sentido de la expresión, pero si me apuras y me pides una respuesta, entonces te diría que sí… Es que están todos juntos allí, en un mismo sitio, dispuestos uno al lado del otro como invitándote a llevarlos…
Pero como ya te lo dije, esto es sólo una figura, algo que uno en el fondo no desea realmente…

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Las obras de arte (no puedo nombrar a estos autos de otra manera) que fabrica la gente de Superformance son de una belleza, una factura y un nivel de detalles francamente únicos en el mundo. Tan excelsas son las máquinas que produce (o reproduce) que están autorizadas y avaladas directamente por el mismísimo Carroll Shelby, creador de muchas de las leyendas sobre ruedas que reproducen estos preparadores.

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Imposible calcular la cantidad de dólares estacionados allí dentro. Uno al lado del otro, ubicados caóticamente puedes encontrar varios míticos Shelby Daytona, Ford GT 40 y algún que otro Shelby Cobra.
Millones de dólares uno sobre otro representarían perfectamente el valor de estos autos increíbles que de otra manera parecerían imposibles de reunir en un mismo lugar.

Y mientras sigo escribiendo, no logro contener mis impulsos.. y las ganas de tenerlos de cualquier manera y a cualquier costo no se detienen ni se calman…
Insisto, todos me gustan cada vez más y desearía por unos instantes no reprimir mis más bajos instintos, transformar las normas de urbanidad en otra cosa, anular la palabra delito de la faz de la Tierra y finalmente entrar para llevármelos a todos…sin vueltas.
Pero, vuelvo a la realidad. Y eso no será posible y no está para nada bien… de manera que me conformo con seguir mirándolos, deseándolos… pero por sobre todas las cosas disfrutándolos.