¡Un Ferrari 456 State al descubierto!

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Aquella tarde londinense me encontraba agotado por tanta caminata y tanta visita a museos.
Fiel a mi costumbre decidí sentarme en uno de los típicos bares de la ciudad para premiarme con unos tragos del lugar.

Pasaron las horas y mis ganas de seguir recorriendo la ciudad se desvanecían, mientras mi deseo de permancer aferrado a la barra se hacía más evidente.

Llegado el momento y luego de justificarme con los amigos que me acompañaban por haberlos dejado solos recorriendo la ciudad mientras yo me quitaba la sed en una taberna londinense, decidí emprender el retorno al hotel donde solía dormir.

Es verdad que había bebido demasiado, pero eso que estaba ante mis ojos, ¡no lo lograban ni 35 botellas de cerveza!
Al doblar la esquina, allí estaba: ¡Una Ferrari 456 State!

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Lo primero que atiné fue a darme unas suaves palmaditas en la mejilla, como para conseguir una concreta reacción.
La pesadilla persistía. Allí, frente a mí aquel frío londinense cargaba unas cuantas valijas en su Ferrari tan especial.
Luego de darme una cachetada mucho más violenta, comprendí que era hora de encararlo y preguntarle por el extraño aparato que conducía.

En un inglés perfecto pero inentendible a esa altura para mí, me comentó que ese era uno de los 7 ejemplares fabricados en 1995 a pedido de la familia del Príncipe de Brunei, el excéntrico monarca que tiene más de 5.000 autos, del que ya nos hemos ocupado.

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Pero este ejemplar no estaba en Brunei. Circulaba por las calles londinenses y un poco por la típica niebla lugareña y otro tanto por el exceso de alcohol perpetrado en el bar, aquella Ferrari 456 State me parecía algo surreal, algo que nunca había estado en realidad allí.

Más tarde, comprendí que había visto un auto que no es fácil de encontrar. Entonces me sentí un privilegiado, un auténtico elegido ante semejante aparición.