El Volvo del amor

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Todavía resuenan en los oídos de esa chica sueca a la que su novio pasaba a buscar con su Volvo las palabras de su padre… “No se te ocurra hacer nada de lo que ya sabés dentro del auto de ese psicópata que se dice tu novio… ¿me escuchaste nena?”
El gesto afirmativo y en silencio de la hija que con un leve movimiento de cabeza le hizo saber a su padre que ya lo había entendido y dejó al buen hombre con una cierta traquilidad.
Por lo menos allí dentro del auto no pasaría nada non-sancto.

Los jóvenes partieron con rumbo desconocido, la noche los esperaba y las palabras del padre rebotaban una y otra vez dentro de esa loca cabecita de la joven… “No se te ocurra hacer nada de lo que ya sabés dentro del auto de ese psicópata que se dice tu novio… ¿me escuchaste nena?”
Y entonces hecha la ley hecha la trampa porque ya se sabe que cuando te prohiben algo lo más seguro es que te den todas las ganas de hacerlo y eso parece que fue lo que le habrá pasado a la joven sueca que se encargó de aclararle a su novio, el rubio Bjorn… Mirá que mi viejo me tiene prohibido cada vez que salgo con vos hacer ninguna chanchada dentro del auto… Y a Bjorn no se le movió ni un pelo y le dijo: “Total, yo no te voy a hacer nada dentro de mi Volvo… te lo voy a hacer afuera”
Y por lo visto parece que el pibe no se anda con chiquitas y sabe cómo cumplir con su palabra y como muestra basta un botón… o unas incontrastables huellas del pecado sobre el capó del Volvo…

El Volvo del amor.
No es el título de una nueva versión de una película de Enrique Carreras, es lo que se puede contar y mostrar del final de una noche apasionada y con una espada de Damocles pendiente sobre las cabezas de la joven pareja, la de las sugerencias del padre de la novia.
Y bueno… después de todo no se puede quejar, la nena no hizo nada non –sancto dentro del auto…