Un día el mundo supo del Torino

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Voy a relatarles una historia que tiene ribetes de leyenda. Allá lejos y hace tiempo, en la espesura de los Montes Eiffel, en tierras germanas, durante el mes de Agosto de 1969, dicen se produjo un inolvidable encuentro. Los “Goliats” de la industria automotríz, dioses motores bajo los nombres de Mercedes Benz, Porsche, BMW, Triumph, Lancia, Alfa Romeo y Mazda entre otros, se enfrentaban a un “David” llegado de tierras tan lejanas como desconocidas. Los Torino 380W, desembarcaban en tierra alemana entre la sonrisa pícara de algunos y la sorpresa no menos disimulada de otros tantos.
¿Quiénes son estos argentinitos llegados desde tan lejos? ¿Argentina, dónde queda eso? ¿Es que acaso piensan competir en el mítico anillo embrujado del Nürburgring contra los monstruos más encumbrados del automovilismo mundial? Pobres ilusos (los que pensaban así). No sabían que lo que acababa de llegar a Alemania, era “La Misión Argentina” que con tres Torinos 380W se habían inscripto, no ya para ganar una carrera, sino para entrar definitivamente en la historia grande del automovilismo mundial.
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La delegación era encabezada por un embajador inmejorable, Juan Manuel Fangio. El encargado de la preparación de los autos, era un mago, el genial Oreste Berta y los tríos que llevarían los autos en pista se dividían así: auto número 1 para Luis Di Palma, Carmelo Galbato y Cacho Fangio. El 2 para Enrique Rodríguez Canedo, Jorge Cupeiro y Gastón Perkins. Y el 3 para Eduardo Coppello, Oscar Franco y Larry.
Una vez llegados al circuito, todos comenzaron a rodear a los “Toros de las Pampas”. Las miradas se dividían entre la desconfianza y la incredulidad y las que apostaban por saber cuantas vueltas podrían llegar a dar en un circuito en el que alguna vez Fangio le enseñó al mundo entero cómo manejar una auto de carreras.
Y llegó el momento. “La Maratón de la Ruta”, tal era el nombre del evento, duraría 84 horas ininterrumpidas sobre el macabro serpenteo del Nürburgring.
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Y a la delegación argentina, le llevó poco tiempo inscribirse en la historia grande. Y al Torino se lo conoció de golpe. Sin anestesia. Y los grandes rivales comenzaron a mirarlo, no ya con sonrisa de costado, sino con el gesto típico de aquellos que se encuentran frente a alguien o algo que jamás habían esperado o nunca se habían imaginado.
Es que ni bien se dio la orden de largada aquel 19 de Agosto, los tres Torinos se cortaron solos en la punta y… a partir de ese instante, ya nada volvería a ser igual.
Y los Mercedes Benz, los Porsche, los BMW, los Alfa y todos los demás, los corrían de atrás. Y no los alcanzaban. Después, con el paso de las horas, llegarían percances menores, penalizaciones, demoras en boxes, etc. y paulatinamente de los tres Torinos en punta sólo quedó uno, que cuando iba peleando por las primeras posiciones de la carrera tuvo un problema en el escape. Al no poderlo arreglar los pilotos, debieron recurrir a la ayuda de los mecánicos y eso, motivó una penalización que los llevó al sexto puesto general. Pero ya se sabe que también en las malas, los argentinos ponemos lo mejor, y con una enorme demostración de guapeza deportiva bien entendida, la bandera a cuadros cayó sobre el único Torino, ubicado en el cuarto lugar de las 84 Horas del Nürburgring. Sus pilotos Coppello, Franco y Larry habían entrado en la historia por la puerta grande. A Fangio y a Berta los llevaron en andas y hasta los equipos que llegaron adelante ( Lancia, BMW y Triumph nada menos) se maravillaron con ese “Toro” argentino y aplaudieron su “bautismo mundial”.
El Torino ya estaba instalado en la vida de nuestro país. Pero este “éxito” le abrió las puertas del mundo, ese mismo mundo que desde el 23 de Agosto de 1969, lo conocía y no lo olvidaría jamás.
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Y ahora, ese Torino, duerme bajo el techo del Museo Juan Manuel Fangio de Balcarce. Hay quienes sostienen que alguien, tal vez un ángel vestido de piloto, todas las noches le da arranque y rienda suelta a su motor. Ese “Toro” sigue pataleando. Tan potente, tan imponente, tan intimidante como hace casi 38 años.
Igual que desde el día en que el mundo supo de su existir.