La Cumbrecita, un pueblo sin autos

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Con mucho tino te preguntarás quién me manda a mí a escribir en un blog de autos un artículo sobre un pueblo…
Creo que te mereces una buena explicación.
Resulta que La Cumbrecita es una ciudad de ensueños, casi salida de un cuento de hadas, o bien inspirada en la historia de Hansel y Gretel. Perdida en las alturas del Valle de Calamuchita en la mediterránea provincia argentina de Córdoba, esta pequeña ciudad enclavada sobre el Cerro Cumbrecita a más de 1.450 metros sobre el nivel del mar tiene la particularidad de ser unas de las pocas ciudades del mundo en donde no puedes ingresar con tu auto… Y no hablo de Venecia
Esto para los amantes de los coches, del tipo y color que sean, no deja de ser una noticia que se relaciona directamente con su amor motorizado. Y por ende es de su interés…

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Al llegar por sinuosos caminos de montaña, recorriendo por horas el valle que la rodea, nos encontramos con la entrada a la ciudad y con un sorprendente cartel de madera pintada que dice entre otras cosas “Bienvenido a La Cumbrecita – Pueblo peatonal”. Si llegas hasta allí sin previo aviso ni advertencia de nadie y te encuentras con la señalización puedes sentir lo más cercano a la frustración.

En un generoso y amplio playón a la entrada del pueblerío debes dejar sin atenuantes tu auto o el vehículo en el que viajes para cruzar un angosto puente sobre el río e ingresar de a pie a la ciudad.
Y tan acostumbrados estamos a usar nuestro auto para todo que una vez que has cruzado el puente y al volver la mirada hacia atrás te das cuenta de cuánto extrañas a tu coche que parece pedirte a gritos que vuelvas a buscarlo…

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Pero la historia en esta pequeña ciudad cordobesa es así. Si amas a tu auto debes olvidarte de él por unos instantes. Por lo menos por el tiempo en que estés circulando por las pequeñas y angostas callejuelas que están hechas a la medida del hombre y no de los autos…

Y todo se lo debemos al inmigrante Dr. Helmut Cabjolsky, a su esposa y a sus adorables hijos quienes llegaron a Argentina en 1932 en busca de un sueño, de un lugar sólo comparable al paraíso y en el que pudieran caminar con tranquilidad y respirar aire lo más puro posible…
Hoy 76 años después del comienzo de aquel sueño, La Cumbrecita sigue fiel a sus principios, intacta, impoluta y ostentando el orgulloso título de “Pueblo peatonal” con mucho lugar para los caminantes y nada de lugar para nuestros amados autos…