Es ciego y batió récord de velocidad

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Eso de batir récords de velocidad es algo a lo que ya estamos francamente acostumbrados. Cada tanto aparecen en los medios algunos amigos que intentan ir lo más rápido posible sobre ruedas y por lo general lo logran y entran a la historia gracias a su hazaña.

Y como en muchos los órdenes de la vida, no todo se puede poner en la misma bolsa y habrá que ir separando adecuadamente la paja del trigo. La noticia que nos ocupa en esta nota sorprende sobremanera y no puede menos que movernos a un sincero aplauso y… puestos de pie.
A más de uno de nosotros nos habrá pasado alguna vez: viajando como acompañantes y ante una velocidad a la que no siempre nos acostumbramos, nos habrán dado ganas de cerrar los ojos… Llámese miedo o llámese como quieran, pero a más de uno le habrá pasado.
Claro que ir en un auto, conduciendo a velocidades impensadas y sin poder ver absolutamente nada en ningún momento ya es otra cosa. Es que Luc Costermans es un belga que ama los autos (también los aviones) y su ceguera no parece ser impedimento suficiente para privarlo de uno de sus placeres más extremos: manejar.
El tema no es sólo que Luc ha manejado, sino que además ha pulverizado el récord de velocidad en carretera.

Hasta el momento el récord era propiedad de Mike Newman quien a bordo de un BMW M5 había llegado a los 268 km/h. Pero ahora Luc Costermans, ciego (recordemos) con asistencia de un copiloto se subió al volante de un impresionante Lamborghini Gallardo en Francia, más precisamente en el aeródromo de Istres, y clavó las agujas del velocímetro en unos infernales 308,78 km/h., velocidad a la que incluso muy difícilmente cualquiera de nosotros (hablo de personas videntes) se atrevería a llegar.

Sería interesante saber sus opiniones: ¿agallas? ¿inconciencia? ¿huevos a prueba de balas? ¿pasión? Llámenlo como les plazca, pero tal vez no sea nada de eso individualmente y tal vez sea un cúmulo de todas juntas, pero lo concreto es que Luc, se dio el gusto de su vida y terminó demostrando que pocas cosas son verdaderamente imposibles si es que uno le pone garra y corazón.
Desde aquí, a la distancia, nuestra sana envidia (por su fuerza de voluntad y coraje) y nuestras más sinceras felicitaciones…
Ahora ya no dan ganas de ver nuevamente aquella escena de Al Pacino en la película “Perfume de mujer” conduciendo increíblemente un Ferrari por las calles de Nueva York también “a ciegas”… eso no era creíble. Esto, en cambio es sorprendente y admirable…