Buick Y-Job: el segundo concept de la historia aún vive.

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Continuando mi homenaje a los primeros concept cars, ahora conoceremos a un auto que ha quedado erróneamente sindicado en los libros de la historia del automovilismo como el primer “Concept” de todos los tiempos: el Buick Y-Job.

Durante muchos años, décadas tal vez, se ha creído firmemente que este Buick era en realidad el primer concept de todos. Pero no. No lo es.

Como ya se sabe, el primer concept car de la historia fue el Volvo Venus Bilo, pero ante su lamentable desaparción y la evidencia física del “segundo Concept Car” concebido por una fábrica de automóviles, se han generado algunas importantes y lamentables confusiones.

Efectivamente el Buick Y-Job, es primero en algo: se trata del primer ejemplar de concept conocido que se conserva en la actualidad.

Su creación en 1938, fruto de la mente brillante y audaz de Harley J. Earl, marcó el punto de partida e inspiración para modelos de la marca producidos muchos años después.
Sin ir más lejos, recién en 1950, un modelo convertible de la marca utilizó muchísimos elementos utilizados en el Y-Job del ´38.

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El auto es impactante por donde se lo mire.
Fue tal vez la primera oportunidad de ver sobre un auto, faros retráctiles y motorizados, paragolpes envolventes y prácticamente incorporados a la carrocería, manijas embutidas en las puertas, etc.

En pocas palabras, era un auto que marcó también, de algún modo, un antes y un después.
Muchos elementos que en aquellos días resultaban inaceptables e inexplicables, son moneda corriente en los vehículos del presente y esto, lo transforma automáticamente al Buick Y-Job en otro de los grandes mitos del mundo motor y en merecedor de los más notables títulos nobiliarios dentro de la monarquía automovilística.
Un rey absoluto e indiscutido desde siempre.

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Su creador utilizó además un criterio casi extravagante para elegir su nombre. A casi todos los autos experimentales de la época, se los denominaba con la letra “X” en su nombre.
Earl, consideró que este auto estaba un paso más allás que cualquiera de esos autos experimentales y por eso, lo llamó “Y” .
Además, este genial ingeniero, era admirador de los autos de Mercedes Benz, por lo que intentó realizar un homenaje a la casa de Stuttgart, asegurando que la letra “Y” era la estrella de Mercedes Benz pero invertida.

Todo, absolutamente todo, con ribetes espectaculares. Fantásticos.
La concepción. La concreción. Las ideas que aportó. Todo genial. Todo único e irrepetible.
Allá por el lejano 1938, Harley J. Earl, nos regaló este precioso tesoro con cuatro ruedas, concebido entre la locura y la genialidad.
Un ejemplar sin igual, que abrió el camino para tantos otros que aún lo siguen mirando como una verdadera y válida inspiración