BMW Bertone Spicup: una belleza vendida en 460.000 euros

Hay cosas que son bellas, sin más vueltas. No hay muchas otras maneras de definirlas. Este auto bien podría estar encuadrado en esa categoría de bellezas indiscutibles (aunque en realidad todo, claro está, es cuestión de gustos…). Se trata del hermosísimo y exótico BMW Bertone Spicup, fruto de la colaboración estrecha entre la marca alemana BWM y el mítico carrocero italiano Bertone y materializado en este único ejemplar fabricado. Este modelo fue presentado para sorpresa de propios y extraños en el Salón del Automóvil de Ginebra en el año 1969 y desde entonces no ha dejado de llamar la atención y cautivar a quien se le plante enfrente y se atreva a mirarlo.

Su nombre deriva directamente de la unión entre un auto Spider y un Cupé (Spicup) y sus formas resaltan magistralmente gracias a un impresionante y muy particular color verde, el cual también invade (aunque en diferentes tonos) al interior del auto.
Se trata sin ningún lugar a dudas de una auténtica rareza (de las bellas y no de las otras…) de la industria automotríz, muy codiciada y muy buscada, que ahora forma parte de la colección privada de un “suertudo” que la ha hecho suya por la módica suma de 460.000 euros en una subasta realizada recientemente en la casa Bonhams, en Inglaterra.

Un punto muy particular para destacar sobre este fantástico BMW Bertone Spicup, es que tras haberse floreado (y con motivos de sobra) por muchas diferentes muestras de autos en Europa a principios de los años ’70, finalmente un tiempo después fue matriculado ya que no se trata de una maqueta ni de un box car, sino que es un auto real que es impulsado por un motor de 2,5 litros de cilindrada y 6 cilindros.
Este auto, por más increíble que resulte, casi llega a desaparecer debido al descuido de su anterior dueño. Estaba arrinconado en un garaje, todo oxidado, abollado y con el interior también en pésimo estado, con tajos y rayones casi insalvables en su tablero y tapizados originales. La pintura exterior estaba también en un estado más que lamentable, de modo que el auto ha experimentado una saludable restauración que lo ha dejado tal como se lo ve y con su merecido esplendor original.
Como de talle “de color” (nunca mejor dicho) se sabe que el dueño anterior había decidido cambiar el tono verde original por otro naranja, cosa que ahora se ha revertido, para devolverle su aspecto inicial.
Ya saben: han sido 460.000 euros que, definitivamente, han valido la pena…